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OPINIÓN | ‘Solas, borrachas y feas’, por Mar Rodríguez

21 September, 2020

 

En los tiempos que corren, parece que hay que ir aclarando en todo momento que ser feminista no está en absoluto reñido con ser femenina, que reclamar la igualdad entre hombres y mujeres no significa tener que odiar al varón por el mero hecho de serlo y que los patrones o estereotipos del feminismo no los impone una señora desde un Ministerio, ni ella ni la cohorte de abanderadas de la causa que pululan por sus chiringuitos varios.

El organismo que dirige la Madre Abadesa de Galapagar ha publicado esta semana un estudio sobre los estereotipos, roles y relaciones de género en series de televisión españolas. El documento critica que las actrices sean de una belleza extraordinaria, con maquillaje y efectos que las hace parecer aún más bellas. El estudio va a más y asegura que existe “cierto abuso y cosificación” en la presentación de las mujeres que además, visten y viven muy por encima de sus posibilidades económicas. Pero aún hay más, a la señora ministra parece que también le molesta que existan series que dan una especial relevancia a las familias y que se produce una “idealización”, puesto que el amor y el cariño no son una fiel muestra de los conflictos entre parejas reales.

Y todo esto lo afirma un Ministerio, cuya figura máxima es una señora no precisamente fea, que ha formado una familia y es madre de tres hijos y vive en un palacete que ríete tú de las series de televisión. ¿Le molesta a la Sra. Montero que las más agraciadas físicamente alcen la voz en pro del feminismo y la igualdad de derechos?

¿Debemos salir a la calle las mujeres hechas unos zorros, desaseadas, vestidas con guiñapos, sin depilar y presumiendo además de todo ello porque así se es adalid de una causa? Pues miren, yo me niego a que estas petardas me estigmaticen por no pertenecer al club del pensamiento único. Soy feminista y además femenina, ¿hay algún problema?
Las mujeres no somos un colectivo identitario, no todas pensamos los mismo, ni los hombres tampoco. No ha sido el varón el que ha decidido que seamos las que gestemos a los hijos, sino la naturaleza. ¿Por qué ser feminista lleva implícito para algunas mujeres el frentismo y el antagonismo de sexos?

Estamos cayendo en el mismo paternalismo del que se quejan, solo que ahora dominado por las mujeres. Una muestra clara es que la ministra está rodeada casi exclusivamente por mujeres en su gabinete. Ella no cree en el concepto “persona”, cree en el revanchismo y punto.

Le voy a decir una cosa, Doña Irene, yo no pienso con mis órganos genitales, por lo tanto, el hecho de ser mujer no define mis ideas. Ni las mías ni las de muchísimas otras como yo que, antes de que usted fuera ni siquiera un proyecto entre su padre y su madre, ya luchábamos por la igualdad de derechos entre personas. Créame, tengo más años que usted y jamás he tenido ni el más mínimo problema ni personal ni laboralmente por el hecho de ser una mujer y además agraciada físicamente.
No voy a ser cómplice de su relato, del que usted vende de enseñar a las niñas desde pequeñas que nacen ya víctimas del macho opresor. Esa cultura heteropratiarcal que ustedes se han inventado, es falsa en nuestro país.

¿Por qué no va usted con sus proclamas a los países donde está bien visto pegar a las esposas o lapidarlas por adúlteras y que además no sabemos si son guapas o feas porque son obligadas a llevar la cara tapada?

Le voy a decir algo para terminar, están ustedes forjando una generación de mujeres que en lugar de creerse capaces de ser libres y vivir por sí mismas, han de acudir al proteccionismo del Estado como si ser fémina fuera padecer una discapacidad.

 

Mar Rodríguez | Abogada y Asesora en Comunicación Política

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